En 1986 se erige la diócesis de Baní y al cumplirse su primer aniversario se crean tres nuevas parroquias sufragáneas de la única que había en toda la ciudad de San Cristóbal, las de Cristo Salvador, Santa Rita de Casia y Nuestra Señora de la Paz.

El 24 de enero de 1988, en una solemne eucaristía celebrada en la capilla de Pueblo Nuevo, el entonces obispo de la diócesis de Baní, monseñor Príamo Tejeda formalizó la creación de la parroquia Ntra Sra de la Paz.

A esta celebración asistieron un numeroso grupo de personas, no solo de nuestra parroquia, sino de las otras parroquias nuevas y de la parroquia madre, la de San Cristóbal Monseñor Príamo encomendó la parroquia a la comunidad de agustinos recoletos de San Cristóbal, en la persona del P. Miguel Angel Ciaurriz, quien estuvo al frente de la misma hasta el año 1998 y que nuevamente se hizo cargo de ella en agosto del 2007.

La parroquia comienza su andadura como tal aprovechando la estructura pastoral que ya existía en las comunidades de Pueblo Nuevo, Lavapiés y las comunidades rurales que componen en la actualidad el territorio parroquial.

Desde el principio se sintió la necesidad de disponer de un lugar central en la ciudad, equidistante entre los barrios de Pueblo Nuevo y Lavapiés que diera unidad a toda la parroquia. Con ese fin se gestionó ante el Ayuntamiento de San Cristóbal la cesión de los predios, entonces fuera de uso, que habían sido talleres del ayuntamiento.
Las gestiones resultaron exitosas y a partir de ese momento comenzamos a pensar en el proyecto de construcción del nuevo templo parroquial que necesitábamos con urgencia.

Se pensó entonces en buscar ayhuda ayuda internacional para la construcción del templo y se presentó una petición en tal sentido a la organización católica alemana Adveniat, que se comprometió a ayudarnos en el proyecto.

Dios ha sido inmensamente bondadoso y misericordioso con nosotros pues nuestra petición de ayuda a Adveniat fue enseguida secundada con una oferta de solidaridad por parte de la parroquia San Ludgero, de Schermbeck. Este parroquia, como agradecimiento a Dios por el 75 aniversario de la construcción de su templo parroquial se ofreció a Adveniat para colaborar con alguna parroquia de América Latina que estuviera en ese momento viviendo su misma situación cuando ellos comenzaron a construir su actual templo parroquial. Nosotros fuimos los agraciados.

Desde entonces la relación con nuestros hermanos de San Ludgerus ha incrementado nuestra amistad y fraternidad y se ha mantenido en un constante intercambio cultural y de solidaridad. En julio de 1991 un grupo de jóvenes de esta parroquia vino a San Cristóbal y participaron en los trabajos de construcción del templo parroquial, que quedaron listos para ser inaugurados un 26 de enero de 1992, un año en el que en el continente americano dábamos gracias a Dios por la llegada del evangelio.
Hace diez años, en fecha tan singular, nos acompañó una nutrida representación de hermanos de la parroquia de San Ludgerus al frente de los cuales se encontraba su párroco, Franz Gerd. Fue un día extraordinariamente dichoso para todos.

En esa visita de nuestros hermanos alemanes se sentaron las bases para seguir, una vez terminada la construcción del templo, la relación de solidaridad y fraternidad entre nuestras dos comunidades parroquiales.

Fue así como surgió la idea del centro de salud y el proyecto de becas para apoyar los estudios de jóvenes de nuestra comunidad y el de los intercambios anuales de jóvenes.
En estos veinte años de existencia nuestra parroquia ha madurado y crecido fruto del esfuerzo y trabajo de muchos y de muchas que siempre han estado dispuestos a vivir su compromiso bautismal comprometidos con la acción evangelizadora.

En la actualidad la parroquia cuenta con seis comunidades urbanas en las que se celebra la eucaristía y se dispone de una estructura ministerial, y diecinueve comunidades en la zona rural del territorio parroquial.

Pastoralmente seguimos los lineamientos del III Plan Nacional de Pastoral y en la actualidad estamos inmersos en la Misión Continental a la que nos ha convocado la Iglesia de América Latina.




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